lunes, 23 de mayo de 2011

Todos somos Ana.

En algunos puntos suspensivos (que no suspensorios) de nuestra vida, la gran mayoría de nosotros hemos sentido la ilusión de ser alguien más que nosotros mismos o jugar a ser una persona totalmente distinta a lo que somos. Por el momento no tocaré este punto en grado de parentezco cuando infantes quisimos ser como “mi apá” o “mi amá” diría Piporro.

Sin embargo si comenzaré con una ligera asomada a esa etapa tan maravillosa de la infancia donde la imaginación toma a la realidad con un lazito y la hace yo-yo. En ninios: una plumita color morada arrancada de un plumero y ya se era un apache; una telita roja en la espalda y los chones por encima del pantalón y ya era uno un superhéroe. En ninias: unas pantimedias en la cabeza y ya eran todas unas estilistas de grandes trenzas; un juego de té miniatura con pastelitos de lodo y ya eran unas amas de casa, esperando a que llegara el exhausto marido. Por mencionar solo unos ejemplos.

Suena a sana y absoluta diversión. Y así lo era; sin embargo me pregunto ¿porqué si ninios y ninias tenemos la misma capacidad imaginativa, los roles de género son tan dispares? Y me contesto. Por una sencilla razón: identidad sexual. “Nos desarrollamos como personas con identidad sexual recibiendo las indicaciones del mundo que nos rodea sobre como “son o deben ser” los hombres y las mujeres, como deben comportarse, relacionarse entre sí o enfrentar la vida. Después del nacimiento, la identidad sexual se va construyendo y modelando, dependiendo de múltiples factores, como la relación con la madre, el padre y/o ambos, la familia, la escuela, los/as amigos/as, los medios de comunicación y el ambiente social y cultural en el que se vive. Todos estos factores influyen en como se va aprendiendo a ser mujer y hombre, ya que las niñas y los niños reciben diferentes mensajes que les transmiten lo que es femenino y lo masculino. Esto no tiene necesariamente que ver con las funciones biológicas, sino con las ideas y valores de nuestra cultura”. Organización Panamericana de la Salud, 2002.

Los refentes aspiracionales que teníamos de niños, provenían de libros ilustrados, la televisión, el teatro y cine (aquí vemos la imagen ochentera de la sala de cine antes de la función, se apagan las luces y se escucha el chiquillerío corriendo por los pasillos del cine gritando: ¡¡¡Mamá!!!).

Los referentes aspiracionales en la adolescencia son… Bueno, por razones más que obvias como la hiper-hibernación neuronal que nos cobija durante la adolescencia, evítome la pena de tocar esta etapa.

Ahora, en la etapa adulta, ¿podemos seguir teniendo referentes? ¿de donde los obtenemos? O ¿ya llegamos al punto maduro de nuestra personalidad?

 Ya casi entro a tema. Mo-men-ti-to.

Una querida amiga me invitó a participar en su blog dibujoalacarta.wordpress.com con una ilustración. El tema: Ana Bolena (ahí de nuevo vemos la imagen de la sala de cine, se apagan las luces pero yo soy el único que grita: ¡¡¡Ma-má!!!). He de confesar que no sabía nada de este personaje, sin embargo la documentación que hice para la ilustración, me atrajo tanto que tenía que decirlo: Todos somos Ana. O por lo menos deberíamos de serlo alguna vez en la vida.

Siglo XVI, Inglaterra. Ana Bolena (Ana Boleyn) no pasó de los 30 años de edad y no por nada se ganó el título de «la reina consorte más influyente e importante que Inglaterra ha tenido nunca». Una educación formal que iba desde la ética y moda hasta intérprete en los protocolos franceses. Al parecer no era un estandarte de belleza, de hecho su piel, cabello y ojos más oscuros que lo “normal” según los cánones de belleza ingleses de la época, la hacian ver distinta. Tambien fué llamada “la reina de los mil días”  por su corto reinado. Sin embargo su caracter fuerte, decidido y su incesante determinación por conseguir casi todo lo que quiso, a pesar del enorme peso emocional que ejercían en ella su esposo, el rey Enrique VIII, su familia y la iglesa, la convirtieron en un referente más en mi acervo de Féminas Ilustres. Aún el mismo día de su ejecución (le cortaron la cabeza con una espada de doble filo), mantuvo un humor ácido diciendo: «No tendrá mucho problema, ya que tengo un cuello pequeño. ¡Seré conocida como La Reine sans tête (La reina sin cabeza)!»

Lo que trato de decir son dos sencillas cosas: Uno: Seamos tercos, decisivos, gallardos, arriesgados; nunca conformados. Como Ana. Y dos: Encontremos referentes realmente valiosos y dejémonos permear de las experiencias de vida de grandes personjes. Como Ana. O como Juana o Josefa. Solo es cuestión de ponernos los chones por encima de los pantalones.
Todos somos Ana. Modelos: Salomé y Frijol.
Dos referentes de “como ser lúdico con música sin dejar de disfrutarla”. Les presento a Carolina chocolate drops con la Luminescent Orchestrii y su grabación de Knockin.http://www.youtube.com/watch?v=DnixzPalEZs

Y en esta esquina Hindi Zahra con Beautiful Tango. http://www.youtube.com/watch?v=WE2pGR9_DpA

Salute!

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