Tenía bajo polvo cibernético a mi querida Eva, más vuelvo a abrazarla. Y me reencuentro con ella con este interesantísimo proyecto que me pareció tan lúdico, gozoso y tormentosamente placentero que no podía dejarlo de lado.
Se trata de un proyecto realizado por el fotógrafo Clayton Cubitt, donde escoge bellas damas y les pide que lean un extracto de su libro favorito. Sólo se les ve iluminadas, sentadas frente a una mesa, con un fondo negro mientras se presentan y comienzan a leer. Lo interesante del proyecto es ver las fases del orgasmo femenino mientras leen (debajo del asiento de su silla, hay un mecanismo que les proporciona placer) obvio bajo consentimiento previo de las interfectas. Las expresiones, los gestos, las risas y sonrisas son un verdadero regalo a la vista. No hace falta ser explícito en las imágenes para adentrarse en este mundo tan estigmatizado como lo es la sexualidad femenina.
Hago la observación que tiene contenido sexual no apto para mentes cerradas y "mochas", así que si crees que pueda ofender tus creencias, ideologías, dogmas o doctrinas, sólo dale click en cerrar y santa paz a las mujeres de buena voluntad. Amén, alabaré alabaré.
Fuerte abrazo sea repartido para todos lados.
http://www.criminalwisdom.com/hysterical-literature-the-orgasm-as-art/
PD: me interesa mucho tu opinión acerca de este blog, así que siéntanse libres de comentarlo. Si tienen algún problema por hacerlo por este mismo medio, puedes hacerlo a elgestaltico@yahoo.com.mx.
La Eva de barro
Con la mujer todo; sin ella nada. No se trata de una falsa adulación ni buscar una etérea admiración. A lo largo del camino me he ido descubriendo fascinado por el llamado "segundo sexo". Esta es mi forma de seguir entendiendo, más nunca comprendiendo.
miércoles, 31 de julio de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
jueves, 21 de junio de 2012
Cuando la terquedad nos alcance. 2da. parte.
Continuación.
Dicha sea la anécdota anterior, que necesitaba como preámbulo (y para que mi alma se eximiera de tanto drama vivido en ese momento), entro al tema que me compete hoy día: "Cuando la terquedad nos alcance".
A mi me alcanzó, me encueró y me volvió a vestir, no sin antes darnos una verdadera sangoloteada de aquellas. En medio de esa lucha, tuve asistencia de un psicólogo, de una buena amiga, un muy buen amigo, seis botellas de mezcal, seis meses oliendo a hurón, peleas de almohada con mis tatascuanas roomies y muchas, muchas noches conversando con mi soledad.
Al final de esta guerra, caí rendido, lo acepté y lo enfrenté. Ahora, la terquedad y yo somos uñaymugre. Pero ¿cómo comenzó esta ridícula batalla? Pues bien, la culpable de todo es la señora con la que vivo: doña Salomé alias Jijadelmáizpozolero. Así de simple y sencillo. - Amaaaaaá, ¡la señora con la que vivo me está molestandooooo!
Todo inició como una simple acción de sufragar un dolor del alma pues habíamos pasado por un cortísimo embarazo de tres meses y nos sentíamos muy dolidos. SE VENDEN CACHORROS BOXER $900.00, leí en los anuncios clasificados del periódico una tarde de sábado. Después de algunos argumentos que más bien pasaron por berrinches, nos convencimos uno al otro para ir a verlos. Está demás decir que el lugar era asqueroso, lúgubre y pestilente.
-Ira morro, nomás me quedan estos dos - dijo el "criador" mientras cargaba al par de cachorros. Son hijos de perro boxer alemán, si no me crees podemos ir a verlo, lo tengo acá lagüelta.
Eran dos escuálidos cachorros, uno más ñango que el otro. Salomé inmediatamente tomo al más grandecito, lo apretujo contra ella y en un gesto mudo me hizo saber que quería ese. Tomé al más famélico, sus articulaciones estaban raspadas y cicatrizadas y en cuanto le ví la mirada, sentí una ligera corriente eléctrica que corría por mi espalda.
- A ese nadie lo quiere morro, como fue el último en nacer, pus se quedó así de chiquito y flaquito.
Hicimos intercambio de cachorros Salomé y yo y creo que la misma corriente eléctrica que sentí, la sintió ella tambien; segundos después ya estabamos los tres en el coche.
Desfogamos todo nuestro amor que teníamos acuñado durante el embarazo en el cachorro: Rocco. Mimo tras mimo, caricia tras caricia. "Tápalo bien, no se vaya a resfriar", "¿Porqué hizo ese ruido?", "Hoy que se duerma aquí con nosotros, pa´que no le de miedo estar solito". Al principio parecía natural nuestra actitud para con el, pero en algún momento rayaba en lo absurdo. Más tarde comprendí que era demasiado el amor y las esperanzas que se quedaron sin destinatario, se acumularon y tenían que salir a borbotones de alguna manera.
Finalmente, Rocco es amor bien cocinado. Cochino perro, como te quiero.
A partir de aquí es donde se pone sabrosa la cosa.
Por azares del caprichudo destino, Salomé comenzó a conocer gente relacionada con el rescate de animales venidos en desgracia, en particular de perros de la calle. Desde ese momento hizo su aparición señora terquedad. En algunas ligeras conversaciones que teníamos ella y yo, me dejaba saber su interés en ayudar y participar en esa actividad. Para ser franco no le dí mucha coba, creí (iluso de mi) que se le iba a pasar pronto. Hasta que un día me abordó de súbito diciéndome:
- Bueno, pues, nos vemos después.
- Mmmm... ¿a donde vas o que?
- Pues al DF.
- ¿Qué? ¿A qué vas al DF?
- Pues a recojer a la perrita que te comenté.
"Madre mía... a ver... haz memoria, haz memoria, ¡charros!" me zapeaba mentalmente.
- Pues... este... pues... ta´bien, ya que te digo, eres una terca y ya tienes todo listo para irte - le dije con mamilesca actitud. Y se fue, solita con su transportadorzota al DF.
Su regreso trajo sorpresa; una perra híbrido cuadrúpedo, entre boxer atigrado y pitbull, chaparra, con la nariz de molcajete de tan rocosa y áspera, una pata que parecía torta cubana, por chueca y mal hecha y con un hedor bucal im-pre-sio-nan-te. Me dió mucho pesar verla así. Pero creo que le dió más pesar a la perra verme tan cobarde y tan vanal que se dió a la tarea de enamorarme y darme mi primera gran lección animal: Ellos no tienen voz y simpre saben como ser escuchados. Ahora, amo sobremanera a esa nalgona pedazo de embutido llamada Ramona.
A partir de ese momento se desató en Salomé una especie de monstruo, uno Frankensteiniano, ya que yo lo veía como algo atroz, algo sin sentido alguno, algo incomprensible pero extremadamente noble y humano: la compasión por los sin voz.
No mucho tiempo después, llegó la gorda, con seis cachorros en su vientre. En una casa prestada vivíamos: tres hurones, nueve perros, la señora con la que vivo y yo. Entre recojer kilos de excremento, comprar kilos de croquetas, muebles rotos, suelos sucios, poco dinero y el estrés laboral, aquello era una bomba de tiempo en mi paciencia. Y tronó la bomba, me fuí de esa casa por seis meses, dejando atrás a Salomé, su jauría y su terquedad. Montada en su macho y necia como mula en su afán de salvar y ayudar a cuanto perro desvalido se topara en su camino, entraron y salieron otra docena de cánidos canutos.
Fue durante mi forzada etapa solteril que con ayuda profesional me me pararon en seco y se me dijo: "Se salió de control ese amor desbordado, se está buscando suplir ese personaje tan anhelado a quien darle todo, y en ellos se encontró el refugio a ese dolor". Y fue en ese momento que me dí cuenta de mi gran egoismo, Salomé estaba gritando por ayuda y yo no se la dí. Tiempito después regresé a ella y comenzamos a darle forma a ese dolor-terquedad. Hoy día, con mucho esfuerzo, dedicación, amor y objetividad son muchos los chuchos que han sido rescatados de una u otra forma, de una vida indigna. No le aunque vistamos con las truzas rotas, una bañada de feliz baba perruna, bien lo vale.
Gracias a a la señora con la que vivo y a su comadre señora terquedad por alcanzarme, encuerarme y volverme a vestir.
Dicha sea la anécdota anterior, que necesitaba como preámbulo (y para que mi alma se eximiera de tanto drama vivido en ese momento), entro al tema que me compete hoy día: "Cuando la terquedad nos alcance".
A mi me alcanzó, me encueró y me volvió a vestir, no sin antes darnos una verdadera sangoloteada de aquellas. En medio de esa lucha, tuve asistencia de un psicólogo, de una buena amiga, un muy buen amigo, seis botellas de mezcal, seis meses oliendo a hurón, peleas de almohada con mis tatascuanas roomies y muchas, muchas noches conversando con mi soledad.
Al final de esta guerra, caí rendido, lo acepté y lo enfrenté. Ahora, la terquedad y yo somos uñaymugre. Pero ¿cómo comenzó esta ridícula batalla? Pues bien, la culpable de todo es la señora con la que vivo: doña Salomé alias Jijadelmáizpozolero. Así de simple y sencillo. - Amaaaaaá, ¡la señora con la que vivo me está molestandooooo!
Todo inició como una simple acción de sufragar un dolor del alma pues habíamos pasado por un cortísimo embarazo de tres meses y nos sentíamos muy dolidos. SE VENDEN CACHORROS BOXER $900.00, leí en los anuncios clasificados del periódico una tarde de sábado. Después de algunos argumentos que más bien pasaron por berrinches, nos convencimos uno al otro para ir a verlos. Está demás decir que el lugar era asqueroso, lúgubre y pestilente.
-Ira morro, nomás me quedan estos dos - dijo el "criador" mientras cargaba al par de cachorros. Son hijos de perro boxer alemán, si no me crees podemos ir a verlo, lo tengo acá lagüelta.
Eran dos escuálidos cachorros, uno más ñango que el otro. Salomé inmediatamente tomo al más grandecito, lo apretujo contra ella y en un gesto mudo me hizo saber que quería ese. Tomé al más famélico, sus articulaciones estaban raspadas y cicatrizadas y en cuanto le ví la mirada, sentí una ligera corriente eléctrica que corría por mi espalda.
- A ese nadie lo quiere morro, como fue el último en nacer, pus se quedó así de chiquito y flaquito.
Hicimos intercambio de cachorros Salomé y yo y creo que la misma corriente eléctrica que sentí, la sintió ella tambien; segundos después ya estabamos los tres en el coche.
Desfogamos todo nuestro amor que teníamos acuñado durante el embarazo en el cachorro: Rocco. Mimo tras mimo, caricia tras caricia. "Tápalo bien, no se vaya a resfriar", "¿Porqué hizo ese ruido?", "Hoy que se duerma aquí con nosotros, pa´que no le de miedo estar solito". Al principio parecía natural nuestra actitud para con el, pero en algún momento rayaba en lo absurdo. Más tarde comprendí que era demasiado el amor y las esperanzas que se quedaron sin destinatario, se acumularon y tenían que salir a borbotones de alguna manera.
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| El perro ñango y mal querido. |
A partir de aquí es donde se pone sabrosa la cosa.
Por azares del caprichudo destino, Salomé comenzó a conocer gente relacionada con el rescate de animales venidos en desgracia, en particular de perros de la calle. Desde ese momento hizo su aparición señora terquedad. En algunas ligeras conversaciones que teníamos ella y yo, me dejaba saber su interés en ayudar y participar en esa actividad. Para ser franco no le dí mucha coba, creí (iluso de mi) que se le iba a pasar pronto. Hasta que un día me abordó de súbito diciéndome:
- Bueno, pues, nos vemos después.
- Mmmm... ¿a donde vas o que?
- Pues al DF.
- ¿Qué? ¿A qué vas al DF?
- Pues a recojer a la perrita que te comenté.
"Madre mía... a ver... haz memoria, haz memoria, ¡charros!" me zapeaba mentalmente.
- Pues... este... pues... ta´bien, ya que te digo, eres una terca y ya tienes todo listo para irte - le dije con mamilesca actitud. Y se fue, solita con su transportadorzota al DF.
Su regreso trajo sorpresa; una perra híbrido cuadrúpedo, entre boxer atigrado y pitbull, chaparra, con la nariz de molcajete de tan rocosa y áspera, una pata que parecía torta cubana, por chueca y mal hecha y con un hedor bucal im-pre-sio-nan-te. Me dió mucho pesar verla así. Pero creo que le dió más pesar a la perra verme tan cobarde y tan vanal que se dió a la tarea de enamorarme y darme mi primera gran lección animal: Ellos no tienen voz y simpre saben como ser escuchados. Ahora, amo sobremanera a esa nalgona pedazo de embutido llamada Ramona.
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| Con su nariz pa´moler chiles. |
A partir de ese momento se desató en Salomé una especie de monstruo, uno Frankensteiniano, ya que yo lo veía como algo atroz, algo sin sentido alguno, algo incomprensible pero extremadamente noble y humano: la compasión por los sin voz.
No mucho tiempo después, llegó la gorda, con seis cachorros en su vientre. En una casa prestada vivíamos: tres hurones, nueve perros, la señora con la que vivo y yo. Entre recojer kilos de excremento, comprar kilos de croquetas, muebles rotos, suelos sucios, poco dinero y el estrés laboral, aquello era una bomba de tiempo en mi paciencia. Y tronó la bomba, me fuí de esa casa por seis meses, dejando atrás a Salomé, su jauría y su terquedad. Montada en su macho y necia como mula en su afán de salvar y ayudar a cuanto perro desvalido se topara en su camino, entraron y salieron otra docena de cánidos canutos.
Fue durante mi forzada etapa solteril que con ayuda profesional me me pararon en seco y se me dijo: "Se salió de control ese amor desbordado, se está buscando suplir ese personaje tan anhelado a quien darle todo, y en ellos se encontró el refugio a ese dolor". Y fue en ese momento que me dí cuenta de mi gran egoismo, Salomé estaba gritando por ayuda y yo no se la dí. Tiempito después regresé a ella y comenzamos a darle forma a ese dolor-terquedad. Hoy día, con mucho esfuerzo, dedicación, amor y objetividad son muchos los chuchos que han sido rescatados de una u otra forma, de una vida indigna. No le aunque vistamos con las truzas rotas, una bañada de feliz baba perruna, bien lo vale.
Gracias a a la señora con la que vivo y a su comadre señora terquedad por alcanzarme, encuerarme y volverme a vestir.
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| La señora con la que vivo y su tarrito de terquedat. |
miércoles, 20 de junio de 2012
Cuando la terquedad nos alcance. 1ra. parte.
Me es necesario dividir en dos partes el tema que quiero abordar. Así que vámonos con calma y nos amanece. Primero el génesis de mi asunto.
Güisqui era el nombre del primer perro que me acompañó en mi andar por la vida, un can mestizo de talla chica, blanco con manchas negras y cafes. Quizás tenía yo unos 3 años de edad, por lo menos eso aparento en una fotografía que es testigo de ello y del peinado con "base" que traía mi sacrosanta madre en esos ayeres (que desfiguros diría mi abuelita chocolate).
Unos cuantos años después seguiría Guille, una torunda de algodón de unos doce centímetros de alto y ni tres meses de edad, sus tres fugaces meses. Como vino se fue. Tuvo un micro sepelio entintado con el humor negro de mi abuela. Me explico: Mi hermano y yo jugabamos con el chucho en casa de mi abuela y corríamos por toda la casa tras él. En un momento de la corretiza, el perrito vió la puerta principal abierta, salió disparado a la calle y nosotros tras de el. Si alguien hubiera tenido el tino de tomar una foto de ese preciso lapso, sería una imagen perfecta de calendario de tlapalería; dos niños ochenteros sonrientes y un diminuto y tierno perrito jugando y corriendo en bella armonía. Un segundo después, un aullido de dolor nos paró en seco; un auto lo había atropellado. Guille yacía en el piso, inherte y ensangrentado y mi hermano y yo, bajo el marco de la puerta, paraditos y petrificados. Y al unísono, comenzamos a chillar.
Treinta segundos de lamentos y lagrimeos después, hizo su aparición mi abuela. Casi creí sentir el apapacho de ella, que nos consolaba a mi hermano y a mi con palabras suaves y reconfortantes. Iluso de mi.
- ¡Ora que hicieron chamacos estos! ¡Les dije que no anduvieran corriendo por la casa!
- ¡Abuelitaaaaa! ¡Es-que-a-tro-pe-lla-ron-alGui-lleeeee!
De pronto, mi abuela se dió la media vuelta, se metió a la casa y mi hermano y yo seguimos sollozando sentados en la banqueta, viendo al Guille tirado en el piso. Sólo lo veíamos y no entendiamos. Como un micro sepelio. Diez segundos después, sale mi abuela de la casa con recojedor y escoba en mano y en una sola maniobra lo barrió y recojió. Media vuelta y se volvió a meter a la casa.
- ¡Eso les pasa por andar de traviesos! ¡Ora, ya métanse a la casa!
Mi hermano y yo con los ojos lagrimosos y los pasos arrastrados, entramos detrás de ella. Aún esperanzados en que nos diera algunos golpecitos de apapacho en la espalda, la seguimos hasta el patio. Se paró de súbito en un rincón del patio y creí que había encontrado alguna cajita de cartón como féretro. Hizo tres movimientos que no alcanzábamos a ver bien y ¡voilá! ¡Que mejor lugar para el eterno descanso que el mismísimo bote de basura!
Y de nuevo al unísono, el lloriqueo comenzó. Cuando en eso, notamos que la cabecita ensangrentada del pobre Guille quedaba por fuera del bote con su lengüita de fuera, el lloriqueo se hizo chilladera. Bonita estampa.
Te extraño tanto agüe. Gracias por heredarme tu humor.
Continúa.
Güisqui era el nombre del primer perro que me acompañó en mi andar por la vida, un can mestizo de talla chica, blanco con manchas negras y cafes. Quizás tenía yo unos 3 años de edad, por lo menos eso aparento en una fotografía que es testigo de ello y del peinado con "base" que traía mi sacrosanta madre en esos ayeres (que desfiguros diría mi abuelita chocolate).
Unos cuantos años después seguiría Guille, una torunda de algodón de unos doce centímetros de alto y ni tres meses de edad, sus tres fugaces meses. Como vino se fue. Tuvo un micro sepelio entintado con el humor negro de mi abuela. Me explico: Mi hermano y yo jugabamos con el chucho en casa de mi abuela y corríamos por toda la casa tras él. En un momento de la corretiza, el perrito vió la puerta principal abierta, salió disparado a la calle y nosotros tras de el. Si alguien hubiera tenido el tino de tomar una foto de ese preciso lapso, sería una imagen perfecta de calendario de tlapalería; dos niños ochenteros sonrientes y un diminuto y tierno perrito jugando y corriendo en bella armonía. Un segundo después, un aullido de dolor nos paró en seco; un auto lo había atropellado. Guille yacía en el piso, inherte y ensangrentado y mi hermano y yo, bajo el marco de la puerta, paraditos y petrificados. Y al unísono, comenzamos a chillar.
Treinta segundos de lamentos y lagrimeos después, hizo su aparición mi abuela. Casi creí sentir el apapacho de ella, que nos consolaba a mi hermano y a mi con palabras suaves y reconfortantes. Iluso de mi.
- ¡Ora que hicieron chamacos estos! ¡Les dije que no anduvieran corriendo por la casa!
- ¡Abuelitaaaaa! ¡Es-que-a-tro-pe-lla-ron-alGui-lleeeee!
De pronto, mi abuela se dió la media vuelta, se metió a la casa y mi hermano y yo seguimos sollozando sentados en la banqueta, viendo al Guille tirado en el piso. Sólo lo veíamos y no entendiamos. Como un micro sepelio. Diez segundos después, sale mi abuela de la casa con recojedor y escoba en mano y en una sola maniobra lo barrió y recojió. Media vuelta y se volvió a meter a la casa.
- ¡Eso les pasa por andar de traviesos! ¡Ora, ya métanse a la casa!
Mi hermano y yo con los ojos lagrimosos y los pasos arrastrados, entramos detrás de ella. Aún esperanzados en que nos diera algunos golpecitos de apapacho en la espalda, la seguimos hasta el patio. Se paró de súbito en un rincón del patio y creí que había encontrado alguna cajita de cartón como féretro. Hizo tres movimientos que no alcanzábamos a ver bien y ¡voilá! ¡Que mejor lugar para el eterno descanso que el mismísimo bote de basura!
Y de nuevo al unísono, el lloriqueo comenzó. Cuando en eso, notamos que la cabecita ensangrentada del pobre Guille quedaba por fuera del bote con su lengüita de fuera, el lloriqueo se hizo chilladera. Bonita estampa.
Te extraño tanto agüe. Gracias por heredarme tu humor.
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| El Guille retozando en el edén canino. |
viernes, 2 de marzo de 2012
Basaseachi, mi hermana raramuri.
"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando" decía Pablo Picasso. A mí como que me buscaba pero yo como que me le escondía. Hasta que me encontró y bien y de buenas.
Que privilegio es ser invitado no importa a donde o quien hizo la invitación, al menos saben de ti. Y el privilegio es delicia cuando en dicha invitación, te sientes como churumbel cuatroañero en charco de lodo: feliz, pleno y gozoso.
Gracias a la conminación de dos buenos amigos, Hilda Aguado y Ricardo Chávez, es que me abracé a mi válvula de escape preferida; la fotografía y si es para ayudar pos que mejor.
La invitación no podía ser más noble; aportar cualquier tipo de material artístico, ya sea pintura, grabado, dibujo o fotografía, con el fin de subastar las piezas y entregar el dinero recaudado con el único fin de ayudar a nuestros hermanos de la zona tarahumara. Así que investigando un poco, me topé con "La leyenda de Basaseachi" y me enamoró:
Que privilegio es ser invitado no importa a donde o quien hizo la invitación, al menos saben de ti. Y el privilegio es delicia cuando en dicha invitación, te sientes como churumbel cuatroañero en charco de lodo: feliz, pleno y gozoso.
Gracias a la conminación de dos buenos amigos, Hilda Aguado y Ricardo Chávez, es que me abracé a mi válvula de escape preferida; la fotografía y si es para ayudar pos que mejor.
La invitación no podía ser más noble; aportar cualquier tipo de material artístico, ya sea pintura, grabado, dibujo o fotografía, con el fin de subastar las piezas y entregar el dinero recaudado con el único fin de ayudar a nuestros hermanos de la zona tarahumara. Así que investigando un poco, me topé con "La leyenda de Basaseachi" y me enamoró:
"El señor Candameña dominaba sobre la Alta Tarahumara. Su mayor orgullo era su hija Basaseachi, de inconmensurable belleza.
Eran muchos los nobles señores que aspiraban a la mano de Basaseachi, pero Candameña no quería desprenderse de su hija, por lo que impuso difíciles pruebas a los pretendientes.
Se dice que cuatro señores pudieron superar las pruebas: Tónachi, Señor de las cimas; Pamachi, El de más allá de las barrancas; Areponápuchi, El de los verdes valles; y Carichí, El de las filigramas de la cara al viento.
Al ver superados los obstáculos que había impuesto a los pretendientes Candameña, ardiendo de celos, les exigió una última prueba en la que todos murieron y Basaseachi, desesperada, se arrojó al abismo. Para evitar que su hija muriera, Candameña utilizó sus poderes mágicos y la convirtió en una eterna caída de agua, que hoy conocemos como la Cascada de Basaseachi.
Lleno de tristeza, Candameña desapareció de la memoria de los hombres, pero los ancianos cuentan que su espíritu vaga por la barranca buscando la compañía de su amada hija."
Se dice que cuatro señores pudieron superar las pruebas: Tónachi, Señor de las cimas; Pamachi, El de más allá de las barrancas; Areponápuchi, El de los verdes valles; y Carichí, El de las filigramas de la cara al viento.
Al ver superados los obstáculos que había impuesto a los pretendientes Candameña, ardiendo de celos, les exigió una última prueba en la que todos murieron y Basaseachi, desesperada, se arrojó al abismo. Para evitar que su hija muriera, Candameña utilizó sus poderes mágicos y la convirtió en una eterna caída de agua, que hoy conocemos como la Cascada de Basaseachi.
Lleno de tristeza, Candameña desapareció de la memoria de los hombres, pero los ancianos cuentan que su espíritu vaga por la barranca buscando la compañía de su amada hija."
De aquí la inspiración para hacer el material que con mucho amor y respeto, aporté para la subasta. Se llegó a recaudar algo de dinero pero aún falta mucho. Manos muy pesadas siguen aplastando sin conmesura a nuestros hermanos chihuahuenses; la sequía, la hambruna y la extrema pobreza. Y en lo que pueda ayudar a que tengan una vida digna, lo haré. Por lo pronto las fotografías siguen a la venta, esperando poder aportar un ligero aliento a mi gente raramuri.
Aprovecho para dar infinitas gracias a la hermosa modelo por su gran aporte actoral y su enorme paciencia para conmigo (no la culpo por estar a punto de aventarme puños de lodo con todo y grava).
martes, 17 de enero de 2012
¡Te abrazo de nuevo Eva!
2011... Literal me sacó muchas canas, parezco zorrillo en pubertad; al menos ya dió la vuelta y se fué por donde llegó. Dejé bastante tiempo en el cajón rotulado "Alratitolohago" a mi amada Eva, pero heme aquí de nuevo, gozoso, gustoso y fogoso de ti; ¡Te abrazo de nuevo Eva!
Este año estoy plantado en la postura de concretar uno de los sueños de mi "check list": exponer mi humilde obra fotográfica (San Juditas del sacrosanto ISO, ¡haz que recupere mis fotos!), solo por el gusto de darme el gusto. Sé que muchos lobos me devorarán en crítica pero solo así se hace uno fuerte, y si no me hago fuerte por lo menos me haré el tarugo, pa´ que no cale tanto.
Uno de mis mayores inspiradores y sensei es Don Manuel Álvarez Bravo, su obra dedicada a la mujer mexicana me arrebata y extasía. Ofrezco unas cuantas imágenes de la belleza de sus creaciones.
Breve pero conciso. No te vuelvo a soltar Eva, te abrazo de nuevo.
Este año estoy plantado en la postura de concretar uno de los sueños de mi "check list": exponer mi humilde obra fotográfica (San Juditas del sacrosanto ISO, ¡haz que recupere mis fotos!), solo por el gusto de darme el gusto. Sé que muchos lobos me devorarán en crítica pero solo así se hace uno fuerte, y si no me hago fuerte por lo menos me haré el tarugo, pa´ que no cale tanto.
Uno de mis mayores inspiradores y sensei es Don Manuel Álvarez Bravo, su obra dedicada a la mujer mexicana me arrebata y extasía. Ofrezco unas cuantas imágenes de la belleza de sus creaciones.
Breve pero conciso. No te vuelvo a soltar Eva, te abrazo de nuevo.
martes, 28 de junio de 2011
¡Oh! Da la madre.
Muchos últimos trajines me mantuvieron distante de mi Eva, mi válvula Vasconia y a petición de ese grillo que suena cuando se hace un silencio incómodo, me animo a seguir de intenso “pseudo ensayista”. Que el Santo Niñito Esdrújulo me arrope. Así sea.
¿Cómo hablar a detalle de un tema cuando no se le ha vivido? ¿Es válido siquiera insinuarlo? ¿Qué juicios se toman en cuenta para mencionarlo? A mi parecer, el simple hecho de querer saber y conocer, es suficiente. Probablemente se tenga cierta noción y simplemente se deseé comentarlo, discutirlo; disernirlo. Solo así se comienza a aprender: preguntando.
Siento todavía las miradas pesadas y los escupitajos mentales, cuando en la Universidad, al final de algunas clases, por lo regular las de las horas vespertinas, el profesor decía: ¿Alguna pregunta?, y seguido de un gran silencio, mi voz se escuchaba al final del salón con singular inocencia: Oiga profe ¿y si…? Y un “ashhhh” inmediato y masivo se dejaba sentir a mi alrededor. Para pesar de muchos de mis compañeritos, así lo hice durante algunos semestres (no puedo negar que en ocasiones lo hacía nomás por el puro gusto de joder, ja!). Pero solo así continué aprendiendo; repito, preguntando.
En este caso, son tantas mis preguntas que me apunto solo a asomarme a este tema, de puntitas cual infante en el zoológico: por más que se estiran para ver por encima de la barda, el fleco del león es lo único que ven.
Un tema que siempre me ha atraido por que sé que nunca lo viviré en carne propia, por su naturaleza misma, pero que me envuelve por su magnificente fuerza en todos los sentidos. Quizás sea que últimamente me he rodeado tanto de ella: la maternidad.
No solo el proceso de la concepción y gestación son realmente maravillosos, el alumbramiento; como alguna vez lo escuché, es lo más cercano a la muerte y eso lo convierte en algo fuera de mi gametoide razón. El amamantamiento, envuelto en esa tierna atmósfera de sección aurea, nos descubre frágiles e indefensos pero es ahí cuando se afianza aún más nuestro lazo maternal.
Estos son solo los primeros eslabones; la maternidad no termina nunca. Es continua y perpetua. Y algo muy peculiar: matizada. Me explico: la madre que no quiso serlo y parió, la que quiso serlo pero no parió, la que cuidó de más, la que descuido lo menos, la que sobreprotegió, la que lo olvidó. Y de cada una se desprenden todos los matices, esas vivencias de las que fuimos y estamos hechos.
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| Mamitzin. |
Y aquí me viene otra duda con respuesta casi obvia e inmediata: ¿Porqué y en que momento “la madre” se tornó de sustantivo a adjetivo despreciativo, ivo-ivo? Los golpes de pecho no se me dán, si acaso cuando me atraganto, así que tampoco pretendo ser un Hidalgo moralista, únicamente que nos sacudamos la conciencia de que, TODOS, absolutamente TODOS, provenimos de una madre.
No la escogimos nosotros, esa fué la que nos tocó. Para bien o para mal, a chancla en mano o con un “quenohaceunamadreporsushijos”, con su gran profesión o su bello oficio, enperojiyada o con mandil; esa es nuestra madre.
La primer canción me la dedicó mi Borolita cuando niño (habla de una niña pero ¿y que, y que y que? ella me la dedicó). Isn´t she lovely de Steve Wonder. http://www.youtube.com/watch?v=b2WzocbSd2w
Y la segunda, a mi gusto es una de las canciones de cuna más bellas que he oido: Drume negrita con Bola de Nieve. http://www.youtube.com/watch?v=DaHJznhBWmg&feature=related
Abur.
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